domingo, 24 de abril de 2011

Sea entonces renunciables los sentimientos de una esperanza, o de las vivencias concretas en las esperanzas comunicativas. Por aquellos asertos donde se enuncien los encantos provocativos, de gemebundos dicharajos de ciertos numenes autorizados, que demanden ser los depositarios de las demandas.
Sea entonces verdadero el yo desbrozado y cortado por los espurios significantes, bravos objetos sensibles que uno se la pasa antojando reales en cada paso del devenir historico, que se negara debido a los engañosos postulados de la sociedad del consumo en una ley desfasada en su crueldad.